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Jorge Nuñez – Segundo Cueva Celi

Jorge Nuñez acude a sus habilidades investigativas para hacer una excelente exposicion sobre uno de los autores y compositores mas notables de la República de Ecuador, el ciudadano Segundo Cueva Celi, nacido en la ciudad de Loja-Ecuador cuya producción musical  se calcula que sobrepasa las 1,200 producciones de todo género. Sin duda alguna, uno de los mas grandes músicos que ha tenido el Ecuador.

Segundo Cueva Celi 1901 – 1969

Contenido

  • CUEVA CELI Y LA ESTÉTICA DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL
  • CUEVA CELI Y EL NACIONALISMO MUSICAL
  • CUEVA CELI Y LA EDUCACIÓN NACIONAL
  • CUEVA CELI Y EL PASILLO LOJANO


SEGUNDO CUEVA CELI Y LA ESTÉTICA DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL

Por Jorge Núñez

Apenas amanecido el siglo veinte, el 10 de enero de 1901, nació en Loja-Ecuador, quien habría de convertirse en uno de los mas egregios compositores de la música ecuatoriana: Segundo Cueva Celi.

Para entonces, Loja era una pequeña y recoleta capital provinciana en la que se asentaba una de las mas sólidas estructuras del poder regional del país: la oligarquía lojana. Estrecho grupo dominante formado por una docena de grandes familias terratenientes originarias de la colonia, esta oligarquía regional monopolizaba sin oposición la propiedad de la tierra y el poder político, al punto que, en la mayor parte de cuestiones económicas y sociales de la provincia, su influencia era determinante.

Sin embargo, se trataba de una oligarquía inteligente, que no solo dominaba por la fuerza, sino también por la convicción que vencía pero también convencía: había asumido históricamente el liderazgo de las reivindicaciones regionales frente al Estado, y contaba para ello, y por ello, con una base social de respaldo, que la curia lojana, -verdadero brazo político de la oligarquía regional-, se encargaba de fomentar y conducir al pueblo hacia las urnas.

Era también una oligarquía «culta» o, al menos, proclive al desarrollo de la educación y la cultura. Muchos de sus hijos poseían títulos universitarios, -en algunos casos obtenidos en el extranjero-, y otros se destacaban en la literatura, el foro, la iglesia o la política.

Algunos terratenientes sin descendencia, preferían dejar cuantiosos legados para el financiamiento de la educación en la provincia, en vez de destinarlos, según el sistema tradicional, al mantenimiento de las congregaciones religiosas. Otros, en fin, efectuaban el legado a instituciones eclesiásticas, pero especificando que las rentas o réditos del mismo, deberían destinarse a labores educativas.

Por estas y otras razones, la capital de la alejada provincia austral llegó a tener, hacia el último tercio del siglo pasado, un apreciable sistema educativo compuesto por varias escuelas, colegios, y una universidad pública. A su vez, el buen funcionamiento de este sistema educativo local, unido a la antigua tradición cultural lojana, produjeron para la época señalada, el surgimiento de una generación de profesionales intelectuales de nuevo tipo, que provenía de la pequeña burguesía emergente de la provincia y enarbolaba posiciones ideológicas liberales. Correspondería, pues, a esa nueva generación de intelectuales, el liderazgo de la insurgencia política y la renovación cultural en la lojanía.

El líder de esa interesante «Generación de 1895» fue el doctor Manuel Benigno Cueva Betancourt, (tío abuelo de Segundo Cueva Celi), quien promovió la insurgencia liberal y fue proclamado por los revolucionarios de esa provincia como el Jefe Civil y Militar de Loja, el día 16 de Junio de 1895. Esto es, apenas once días después de haberse producido el levantamiento revolucionario de la ciudad de Guayaquil.

El peso ideológico y político de esa generación intelectual lojana hallaría en la Revolución Liberal la ocasión de manifestarse en toda su plenitud. Ese mismo año de 1895, Manuel Benigno Cueva Betancourt sería designado Vicepresidente de la República en el gobierno presidido por el General Eloy Alfaro, y como tal, tendría un papel significativo en la conducción del bando revolucionario durante la guerra civil que siguió a la proclama guayaquileña del cinco de junio de 1985. 

Años más tarde, durante el proceso de definitiva institucionalización revolucionaria, el talento político jurídico de Cueva Betancourt, contribuiría a la estructuración de un nuevo orden jurídico nacional en la Asamblea Constituyente de 1906, de la que fue su Presidente. Después, éste probo magistrado, sería electo Presidente de la Corte Suprema de Justicia, mientras un hijo suyo, Agustín Cueva Sanz, empezaba a brillar con luz propia en el mundo intelectual y político ecuatoriano.

Radical como su padre, pero influido por las nuevas corrientes del pensamiento universal, Agustín Cueva Sanz promovió la preocupación por lo problemas sociales, fue uno de los fundadores de la sociología ecuatoriana, construyó un nuevo liderazgo político en la región lojana y fue electo durante cinco períodos como Diputado de su provincia, desplazando de la representación a los viejos caciques oligárquicos, promovió y alcanzó la abolición del concertaje y, como Presidente de la Asamblea Constituyente de 1928, constitucionalizó al gobierno de Isidro Ayora, hijo de Beatriz Cueva Betancourt y, por lo tanto, primo suyo.

Ese fue, el marco histórico-social en el que nació y creció Segundo Cueva Celi, hijo cronológico e ideológico de la Revolución Liberal, descendiente de una familia de audaces e inteligentes reformadores sociales (1), y militante destacado de una corriente de nacionalización y renovación estética de la música ecuatoriana.

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CUEVA CELI Y EL NACIONALISMO MUSICAL

Por Jorge Núñez

Visto desde la perspectiva de la historia, uno de los rasgos mas significativos de Cueva Celi como compositor, es su acendrado nacionalismo musical que empata cabalmente con el movimiento nacionalista general, que por entonces, -la primera mitad del siglo XX-, se desarrollaba en toda América Latina.

Es el suyo un nacionalismo cabal, que no se limita a la utilización mas o menos estentórea de nombres o símbolos anteriores de carácter «nacionalista», sino que, se orienta en esencia a la recuperación, afianzamiento, y desarrollo de expresiones musicales, y formas melódicas nacionales formadas a partir de la vieja tradición musical de las élites criollas y los ritmos populares del país.

Paisano de una sociedad regional constituida por una mayoría demográfica blanco-mestiza, y una minoría indígena, y heredero de una tradición cultural más próxima al criollismo hispanoamericano que a las expresiones europeas, Cueva Celi desarrollará una obra de creación centrada fundamentalmente en los ritmos hispano-criollos, mestizos e indígenas del país (pasillos, valses, canciones, yaravíes, sanjuanitos y pasodobles) y adicionalmente en los ritmos populares latinoamericanos de su tiempo (boleros, habaneras, tangos, rancheras).

Solo esporádicamente su obra incluiría ritmos característicamente europeos, como el cuplé, el minué, la romanza o la zarzuela.

Característica notoria en su obra compositiva es la ausencia de transcripciones folklóricas, pues siempre que se enfrentaba a los ritmos indígenas, lo hacia a través de sus propias creaciones, constituidas a partir de un profundo conocimiento de las formas melódicas autóctonas. Es más: en busca de nuevas formas expresivas de la musicalidad indígena, recreó unas pocas melodías de ese origen (2), a las que denominó como «canción aborigen» o «canción incaica «, y creó otras, clasificadas bajo el nombre entonces en boga de «fox incaico», igual cosa ocurrió con algunas melodías populares no indígenas, a las que denominó genéricamente «aire popular». 

La vocación social de Cueva Celi llegó a marcar profundamente su vida y su obra, llevándolo a trascender de lo estrictamente «nacional» a lo «nacional-popular». Más allá aún de los ritmos que cultivó, es interesante destacar que entre los temas de sus composiciones figuraron repetidamente algunos alusivos al pueblo y su concreta circunstancia: «Jornalero y proletario», «Las mendigas», «La obrerita», «Lavanderita», «Los parias», «Oración por el indio», «Apégate a la tierra campesino», «Pobre serranita», así como evidentes homenajes musicales a los trabajadores: «Marcha obrera «, «Himno del obrero «, etc.

Esa vocación popular quedó demostrada también en su tarea de maestro, que durante toda su vida estuvo al servicio de las escuelas y colegios populares, lo que le valió ser consagrado «Profesor Vitalicio» del centenario colegio Bernardo Valdivieso de la ciudad de Loja.
Una particular expresión de su espíritu nacional es su apasionado patriotismo, fenómeno que, desde luego, no podría entenderse cabalmente sin un análisis de las realidades históricas que lo generaron.
La vida del gran compositor lojano estuvo marcada, desde su infancia, por los conflictos limítrofes ecuatoriano-peruanos, particularmente sentidos por las gentes de la frontera. Tenía poco mas de nueve años de edad cuando se produjo el conflicto de 1910, que movilizó la conciencia patriótica de todo el Ecuador y llevó al Presidente Eloy Alfaro a colocarse con sus tropas en la frontera, al grito de «Túmbez – Marañón o la Guerra! «.

Un problema de tales dimensiones debía inevitablemente, marcar con fuego el espíritu de toda una generación nacional, y especialmente, de aquellos que como Segundo Cueva Celi, recién asomaban sus ojos curiosos a las realidades de la vida. Y a ello se agregó otro hecho particularmente traumático para nuestro personaje: al calor de la fiebre guerrerista, una poblada limeña agredió y persiguió al eminente compositor lojano Salvador Bustamante Celi, que durante años había residido pacíficamente en esa ciudad. Protegido por los diplomáticos ecuatorianos y la policía, Bustamante Celi pudo embarcarse finalmente hacia Guayaquil-Ecuador, donde una gigantesca manifestación popular le tributó una recepción de héroe y lo paseó en hombros por la ciudad.

Años mas tarde, ya en plena madurez, Segundo Cueva Celi viviría la culminación de ese antiguo conflicto nacional y sufriría, como todos los ciudadanos de su tiempo, el trauma de la mutilación territorial del país, agravado en el caso de Loja, por los efectos directos de la invasión extranjera y de la guerra.

Tan reiteradas y traumáticas experiencias debían provocar, como provocaron, una apasionada reacción patriótica en todos los ecuatorianos y particularmente en alguien que, como Segundo Cueva Celi, poseía una tan honda sensibilidad y una tan elevada vocación por lo nacional. 

Y ello explica a cabalidad dos notorias características de la obra del gran lojano: el «espíritu marcial» de buena parte de su obra compositiva, expresado en casi un centenar de himnos y marchas militares, y la abundancia de temas referidos a la Patria y sus símbolos, a los héroes nacionales, a las fuerzas armadas, y al territorio amazónico. (3).

Otra rica línea de expresión nacionalista es la que muestran sus composiciones a diversas ciudades y regiones del país, donde se destacan una infinidad de cantos ceremoniales a la lojania (4) y a su hermana región zamorana (5), así como a la ciudad de Quito y sus habitantes. (6).

No obstante las precisadas características de su obra, -que podrían proyectar la imagen de un nacionalista exacerbado y casi chovinista-, cabe señalar que en su creación existe también una definida vocación latinoamericana y un gran hálito de universalidad. 

EI contenido de sus cuadernos de trabajo y álbumes musicales, útiles tanto al estudio como a la enseñanza, revela su admiración por los grandes compositores populares latinoamericanos de la época, cuyo conocimiento le había sido facilitado por la radio y las grabaciones fonográficas: Ernesto Lecuona, Guty Cárdenas, Eliseo Grenet, Rafael Hernández, María Grever, Consuelo Velásquez, Agustín Lara, Carlos Gardel, y Enrique Santos Discépolo. 

Esos mismos documentos descubren su notoria admiración por los grandes escritores José Martí, Rubén Darío, y Leopoldo Lugones, máximos representantes del movimiento «modernista» que renovó la literatura latinoamericana, la liberó de la estética heredada del coIonialismo, y la puso por delante de la literatura española. 

Es una prueba mas de la propia modernidad y vocación latinoamericanista de Cueva Celi, que creó una elegante habanera en base a unos «versos sencillos» de Marti («Cultivo una rosa blanca .. «) y compuso un hermoso bolero en memoria de Lugones, poco después del fallecimiento de este, en 1938 («A la muerte de Lugones»).

Queda demostrado, pues, que su cabal y ardoroso nacionalismo era capaz de integrar armónicamente su amor a la «Patria chica», Loja, y a la Patria real, el Ecuador, con su afecto por la Patria Grande aún en cienes: Nuestra América. A propósito, cabe indicar que también dedicó algunos cantos ceremoniales a esta última, entre los que se destacan los himnos a «Simón Bolívar», a «Antonio José de Sucre», y a «Cristobal Colón», el pasodoble «De la tierra de América», y la emocionada marcha «Tu hijo soy, oh, América mía! «.

Queda, por fin, el asunto de su espíritu de universalidad. Si bien nuestro compositor no tuvo como hemos señalado antes, una formación académico-instrumental, no es menos cierto que tuvo una amplia cultura musical autodidacta y que conocía bien la obra de muchos compositores clásicos y populares de Europa. Entre los primeros, es notoria su admiración por Beethoven, Chopin, Verdi, Donizetti, Schubert, Bellini, Hyden, Strauss, Grieg, Rimski Korsakof, Tchaicosvki, Albeniz, Granados, Mendelsoohn, Delibes, Lenoine, Berger, Massenet, Schumann, Holiaender, etc. Entre los segundos destaca su admiración por algunos compositores españoles contemporáneos suyos y especialmente por el maestro Manuel Quiroga, el aplaudido autor de «Ojos verdes», «La Zarzamora», etc.

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CUEVA CELI Y LA EDUCACION NACIONAL

Por Jorge Nuñez

Además de compositor, Segundo Cueva Celi fue fundamentalmente un maestro que dedicó buena parte de su vida a la educación musical de los niños y jóvenes ecuatorianos. Inclusive, nos atreveríamos a afirmar que, sin su dedicación al magisterio, su misma obra de creación habría quedado trunca o, al menos, no habría cobrado las grandes perspectivas que alcanzó en la realidad.

Una buena parte de su obra es didáctica, y está encaminada a contribuir a la educación artística y la formación ética de la niñez y la juventud de América Latina, en un marco de preocupaciones que inevitablemente llevan a recordar a José Martí y su nobilísima «Edad de Oro».

Desde tiernas nanas, como «Mi nene», o «EI arrullo de la muñeca», hasta una avanzada fantasía musical de teatro infantil como lo es: «Clarita, la negra», compuesta sobre una obra teatral de Enrique Avellán Ferres, -la creación de Cueva Celi en el campo de la música para niños es sugestiva y abundante-, y se compone de variadas rondas, canciones, sanjuanitos, valses, romanzas, marchas y adivinanzas (7). 

Particular mención merece su famosa canción de despedida de la escuela: -«A la escuela volveremos»-, que, al decir de los que entonces fueron niños, «Hacía llorar a los alumnos que la cantaban». (8)

Su obra educativa alcanzó niveles de excepcional trascendencia en el campo de la música juvenil, donde puso todo su talento al servicio de una cruzada personal en pro de la formación ética y estética de sus alumnos y de toda la juventud ecuatoriana. Los solos nombres de las obras de este género bastan para avizorar los altos principios y elevados objetivos que habían inspirado esas creaciones: «Amor al trabajo», «El arte y el trabajo», «EI deber de estudiar», «Edad estudiantil», «A la juventud ecuatoriana», «Poema de la vida», «Canción universal», «Amo a la juventud», «Canción del estudiante», «Canción de primavera», «Canción del optimismo», «Canción de la esperanza «, «Canción de la Serenidad «.

Del mismo modo que el patriotismo, el amor a la juventud fue un ancho cauce donde el maestro lojano vertió a raudales su vocación ceremonial, expresada en múltiples himnos y marchas (9) de hermosa factura y gran sonoridad. En esta misma orientación se inscribe su afamado «Himno juvenil al maestro», que durante mas de veinticinco años fue el único cantado en todo el país, hasta que el último gobierno militar (1972 -1976) oficializó otro himno al maestro, que es el que hoy conocemos por tal.

En síntesis, como maestro de escuelas y colegios, Cueva Celi llegó a crear un avanzado sistema pedagógico para niños y jóvenes, promoviendo en estos un alto espíritu cívico, la fraternidad, y solidaridad humana, la inclinación por el trabajo, el amor a la naturaleza, y la vocación por eI arte. 

Con justa causa, el centenario colegio «Bernardo Valdivieso» de la ciudad de Loja, -en donde el dictó cátedra-, lo contó entre sus maestros más distinguidos, y lo nombró su profesor vitalicio, el Municipio de Loja lo consagró como «Hijo Ilustre» de la ciudad, y el Gobierno Nacional le otorgó la «Orden Nacional Al Mérito» en el grado de Caballero.

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CUEVA CELI Y EL PASILLO LOJANO

Por Jorge Nuñez

Ningún estudio de la obra de Segundo Cueva Celi puede prescindir de un análisis particularizado de sus pasillos. Ellos constituyen la parte más publicitada de su obra compositiva y, en buena medida, la causa de su popularidad nacional. Ellos son también la expresión más sentida de su espíritu de creador y su más profundo y permanente vínculo con el alma nacional.

Hijo de una generación hondamente identificada con el romanticismo, ciudadano de un país acosado y mutilado por sus vecinos, paisano de una región marcada por la lejanía y la nostalgia, Cueva Celi devino en uno de los más altos cultores del pasillo, ese ritmo de baile que llegó a nuestro suelo con las guerras de la independencia y que nuestro pueblo adoptó como propio y lo convirtió en una canción de hondura metafísica, adecuada tanto para cantar las más hondas ternezas, como para llorar ausencias, desahogar infortunios, o maldecir destinos desgraciados.

Fue precisamente en el pasillo donde este gran compositor lojano halló el mas adecuado medio expresivo para su sensibilidad creativa, que se prodigó en alrededor de cuatrocientas (400) composiciones. Canciones intimistas, generalmente sin fuertes picos melódicos pero con interludios sobresalientes, que dan una gran identidad y belleza a su obra. «La utilización de octavas y sextas en sus pasillos, -al decir de Edgar Palacios, el mejor trompetista de América-, es el medio propicio para la expresión melódica y armónica de la profunda rebeldia de un pueblo aislado y cercado por la geografía. La utilización del cromatismo, a su vez, se expresa en secuencias melódicas y de acompañamiento que revelan la honda nostalgia, la delicadeza y otros rasgos sicológicos del pueblo lojano. (10).

Uno solo de sus pasillos, el tan sentido «Corazon que no olvida», habría bastado para darle merecida y perdurable fama en la música ecuatoriana. Y es que la composición en referencia es de una estremecedora belleza: tres profundas frases musicales, hechas a la medida de las tres sucesivas interrogaciones que abren el texto poético, inician la canción conmoviendo al oyente y arrebatando su atención hacia una melodía inolvidable: 

¿Por qué empapé de lagrimas mi vida?
¿Cómo pudo tu amor volverme triste?
Por esta pobre entraña adolorida,
¿Dí si un amor, dí si un amor, dí si un amor,
como mi amor, tuviste? 

Una de las características compositivas de Cueva Celi son los sobresalientes preludios de sus pasillos, que en algunos casos, por su particular hermosura, son dignos de figurar como ejemplos de este ámbito de nuestra componística. Mencionemos, a modo de ejemplo los casos de los pasillos «Siempre tuyo», «Pequeña ciudadana», «Sufro porque te amo», «Princesa» y «Olvida Corazon». Casi siempre, -como ocurre en las canciones nombradas-, una melodía de profunda emotividad fluye límpidamente entre interludios de dulce y elaborada composición. Pero a veces como ocurre en «Para tus ojos», el dulce e intimista tema melódico va elevándose hasta alcanzar un crescendo de arrebatada emoción.

Precisamente estas características compositivas de Cueva Celi contribuyeron a darle al pasillo lojano una personalidad particular y a enriquecer, en el plano general, los valores estéticos de la generación nacionalista ecuatoriana. Es mas: podemos afirmar que: con Cueva Celi alcanzó su clímax el denominado «estilo lojano» de la composición musical, que poco antes se había enriquecido con la brillantez creativa de Bustamante Celi, inmersa en una dialéctica de modernidad y clasicismo.

Cueva Celi, amigo, pariente y discípulo de Bustamante, no tuvo, como este, el respaldo de una sólida formación académico-institucional, en razón de no haber estado a su alcance las aulas de ningún conservatorio. Empero, primero como alumno del padre Vega, -famoso músico celicano-, y luego como discípulo del mismo Bustamante, en conjunto con su grandioso espíritu autodidacta, logró alcanzar una excelente formación teórico-práctica, una amplia cultura musical y una envidiable maestría en la interpretación deI piano, el rondín (armónica), la guitarra, el violín y el bandolín.

Un elemento significativo de Ia obra de creación de Cueva Celi fue su confluencia con el movimiento literario modernista, que se expresó no solo en la admiración por los líderes continentales de esa corriente sino en su relación estética y humana con el movimiento modernista ecuatoriano, que en Loja había suscitado una vigoroza corriente literaria, encabezada por Benjamín Carrión, Carlos Manuel Espinoza, Manuel José Aguirre, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre. Ello determinaría que la obra musical de Cueva Celi, especialmente en el campo del pasillo, estuviese inspirada en la poesía de varios escritores lojanos inscritos en esa corriente, algunos de ellos amigos y contemporaneos suyos, como Juan F. Ontaneda, Emiliano Ortega, Alejandro, y Carlos Enrique Carrión, entre otros.

Ya en el estricto campo de lo humano, uno de los elementos que influyó mas significativamente en su producción pasillística fue su analizado nacionalismo y su particular amor por dos ciudades: Loja, su amada ciudad natal de «calles blanqueadas y naranjos en flor», cuya luz y serenidad cobijaron la mayor parte de su vida fecunda, y Quito, la ciudad que amo siempre, desde donde paso a la eternidad un día de Abril de 1969.

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Notas: 

  1. Segundo Cuevo Celi fue hijo del doctor Juán Cueva García y de doña Zoila Filomena Celi Castro. Fué nieto de Segundo Cueva Betancourt, sobrino nieto de Manuel Benigno Cueva Betancourt y sobrino segundo de Agustín Cueva Sanz, y del ex-presidente lsidro Ayoro Cueva, primos de su padre. Casado con doña Victoria Espinosa Ruíz. Sus hijos son: Juan, Libia, Laura Victoria, Matilde y María Eugenia.
  2. «La sementera»; «Canción lndígena»; «Adios del indio»; «Oración por el indio»; «Plegaria de los indios Otavalo». 
  3. Citamos algunos títulos «Guerra al invasor» (Marcha), «Himno a Bolivar»‘; «Himno Patriótico»; «Himno al Oriente»; «!Patria! iPatria!» (marcha); «Saludo a la Patria» (marcha), «A Sucre» (himno), «Saludo a la Bandera Nacional» (marcha), «Himno Alfarista»; «Los defensores de la Patria» (marcha), «Batallón …» (posodoble), «EI Amazonas» (morcha), «Los colores de la Bandera» (marcha), «A la Patria dolida» (bolero), «Ecuador» (marcha), «Los Militares» (conción), «La canción Bélica»; (marcho), «Himno Marcial», «Marcha de las Guardias Nacionales»; «Juramento del Batallón Jaramijó» (morcha), «Himno de/ Batallón Quito».
  4. «A Loja» (canción), «A ti, tierra mia» (bolero), «Lojanito» (bolero), «Tierra mia» (vals), «A Loja» (posiIIo), «A Loja» (marcha), «Tardes del Zomora» (vals), «Canción del Zamora» (bolero), «Himno a Molacatos», «Himno a Catacocha»; «Oda o la Provincia de Loja» (bolero), «Canto a la casa paterna» (vals), etc.
  5. «Del jardin zamorano» (bolero), «La zamoranita» (vals), etc.
  6. «A Quito» (pasillo), «Elogio a la mujer quiteña» (pasillo), «San Francisco de Quito» (pasillo), «Quiteñito» (pasillo), «Quito»(pasillo), «Noches Quiteñas» (posillo).
  7. «Amor al trabajo»; «Canción Universal»; «El deber de estudiar»; «Niñas y Flores»; «A la Escuela» (canciones infantiles); «Hombrecito»; «Canta pajarito»; «Adios a la Maestra»; «La Escuelita»; «La oración del niño»; «Mi Mamacita»; «Mi Bandera»; «La luz de la aurora»; etc. (canciones escolares); «A la Primavera», «Contemplación vesperal»; «La Amistad»; «Madre»; etc. (valses escolares), «Mañanita de campo» (sanjuanito escolar), son algunos títulos de su obundante producción en este campo.
  8. Edgar Palacios, entrevista, Mayo de 1989
  9. Se destacan entre ellos: «Himno al Estudio»; «Himno a la Esperanza»; «Himno a la Juventud»; «Himno al Deporte»; «Himno Estudiantil»; y las marchas: «Poema de la vida»; «Colegiala de mi barrio»; «Las colegialas pasan»; «Canto de las Juventudes»; y, «Marcha juvenil».
  10. Edgar Palacios, entrevista.

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