La Regla de Oro

Por William Sánchez Aveiga

“No hagas a otro aquello que no quieres que te hagan a ti”, así reza la regla de oro, y el evangelio de Mateo 7:12 lo expresa en estos términos: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Está claro que, cualquier persona mentalmente sana desea ser tratado con respeto y cordialidad, por lo cual deberíamos actuar de este modo hacia el resto de ciudadanos con los que interactuamos diariamente.

Todos sabemos que la reciprocidad es el eje fundamental para manejar las relaciones interpersonales, sin embargo, ahora más que nunca, el trato entre ciertas personas se ha vuelto grosero, insultante y burlesco, dando a entender –de acuerdo a la regla de oro- que no nos sentimos merecedores de un buen trato, sino que somos dignos de las ofensas que lanzamos a otros, cosa que parece absurda, ¿verdad?

Lo cierto es que muchas personas reclaman respeto y consideraciones sin estar dispuestos a dar un mínimo de esto a los demás. Por otro lado, parece ser que hay una epidemia de violencia verbal que ha sido contagiada por personajes públicos que deberían ser ejemplos para el resto de la sociedad.

Pero, ¿qué es lo que vuelve a un individuo grosero, insultador, chacharero y ponedor de apodos? ¿Es simplemente cuestión de carácter? ¿Qué se esconde detrás de la malcriadez de personas que, pese a tener una buena formación académica, se comportan como energúmenos? ¿Es acaso sólo una estrategia para sembrar discordia y desunir mientras saca provecho? ¿Es, quizás, una actitud ocasionada por una mala formación en valores? o, ¿Acaso hay todo esto y más, como un alma egoísta que no puede estar en paz con quienes no comparten sus criterios?

Recordemos que también es una regla el hecho de que el daño es proporcional al ámbito de influencia que se tenga, por eso, cuando ciertas almas dañinas han ostentado el poder sobre las naciones, han podido hacer mucho mal. En nuestra cultura occidental y en estos tiempos, afortunadamente un mandatario no puede mandar a fusilar a sus opositores, como se hacía hace sólo unos cien años atrás, pero una lengua perversa puede ser como una espada implacable que hiere acusando, insultando, mofándose, ridiculizando, denigrando y calumniando a quien le toque el turno.

Los cristianos no debemos observar impasibles el deterioro de nuestra sociedad ni el abuso contra cualquiera de sus miembros, peor aún cuando desde el poder político se siembra división y odio entre clases sociales recurriendo a sistemas populistas de manipulación, pues, aunque tanto en tiempos de Cristo como hoy se ha violado la regla de oro, Dios no dejará sin castigo ni lo de antes ni lo de ahora.

 

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Un comentario sobre «La Regla de Oro»

  1. Si en verdad creyeran en Dios, serian muy cuidadosos de sus actos. Como Jesus les dijo en la cara a los Judios que defendian ser hijos de Dios y el les dijo: Lo que ustedes son es hijos del diablo por que las cosas del diablo hacen. Si fueran hijos de Dios harian la voluntad de mi padre y me escucharian. De la misma manera, todos estos mafiosos con lengua viperina son y actuan asi por que son hijos del diablo y no habra nada ni nadie que los pueda cambiar de naturaleza. ¿Y como se le puede pedir peras al olmo? ¿Que sabe el tirano hijo del diablo de dignidad? ¿de moral? ¿o de etica? un pandillero mafioso hijo de un despiadado narcotraficante, ¿que otra cosa puede demostrar, o podemos esperar de él?

    SOLO EL CUENTERO DE CARONDELET SABE LO QUE EL PAIS DESEA

    http://daprose.net/bitacoras/ecuador/2013/05/17/lo-que-el-pais-desea/

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